El Índice de Competitividad Regional 2026 (INCORE 2026) muestra que Ayacucho atraviesa uno de sus mejores momentos en términos de competitividad. La región ascendió del puesto 17 al 15 en el ranking general y alcanzó 5.3 puntos, su mejor resultado histórico. Sin embargo, cuando se analiza específicamente el pilar Educación, el panorama es más complejo: existen avances importantes en aprendizaje e infraestructura básica, pero también retrocesos que requieren atención, especialmente en la conclusión de la secundaria y el acceso de los colegios a internet.
Ayacucho se mantuvo en el puesto 10 de 25 regiones en el pilar Educación, con un puntaje de 6.1. Aunque conserva una ubicación relativamente favorable dentro del país, su puntuación disminuyó ligeramente frente al año anterior, cuando alcanzó 6.2 puntos. Esto refleja que los resultados educativos no avanzaron de manera uniforme: algunos indicadores mejoraron, mientras que otros mostraron retrocesos significativos.
Mejores resultados de aprendizaje, pero menos jóvenes culminan la secundaria
Uno de los aspectos positivos es la mejora en los resultados de aprendizaje de los estudiantes de cuarto grado de primaria. El porcentaje que alcanzó un nivel satisfactorio en lectura pasó de 31.5% a 32.8%, mientras que en matemáticas aumentó de 33.3% a 34.7%.
Aunque estos incrementos son moderados, muestran una evolución favorable y sugieren que las estrategias pedagógicas, el acompañamiento docente y las acciones de recuperación de aprendizajes podrían estar generando resultados. No obstante, todavía cerca de dos de cada tres estudiantes no alcanzan el nivel satisfactorio esperado, por lo que continúa siendo insuficiente frente a las necesidades educativas de la región.
En contraste, la conclusión oportuna de la secundaria disminuyó de 89.3% a 83.6%. La caída de 5.7 puntos porcentuales resulta especialmente preocupante porque indica que una menor proporción de jóvenes de 17 y 18 años estaría completando este nivel educativo.
Esta situación podría estar relacionada con factores como la pobreza, la incorporación temprana al trabajo, las dificultades de transporte, el embarazo adolescente, los problemas familiares o la limitada oferta educativa en zonas rurales. El desafío, por tanto, no consiste únicamente en mejorar lo que los estudiantes aprenden dentro del aula, sino también en garantizar que permanezcan en el sistema educativo hasta culminar su formación básica.
¿Realmente disminuyeron el internet y la electricidad?
Para interpretar correctamente los resultados de infraestructura educativa es necesario distinguir entre el valor del indicador y la posición en el ranking. El valor muestra cuántos colegios cuentan con un determinado servicio; el puesto señala cómo se ubica Ayacucho frente a las demás regiones. Por ello, una flecha de retroceso no significa necesariamente que la cobertura haya disminuido.
En el caso del internet, sí ocurrió una caída efectiva. Los colegios ayacuchanos con acceso a este servicio pasaron de representar el 54.8% en 2025 al 46.4% en 2026. En otras palabras, según los registros utilizados por el INCORE, menos de la mitad de los locales educativos de la región dispone actualmente de conectividad.
Sin embargo, este retroceso no fue exclusivo de Ayacucho. El indicador disminuyó en 22 de las 25 regiones y solamente mejoró en Lima Metropolitana y Callao, Amazonas y Madre de Dios. Cuando una caída aparece simultáneamente en casi todo el país, es razonable considerar que podría estar relacionada con cambios en la actualización, validación, depuración o cobertura de los registros administrativos del Ministerio de Educación. El informe no presenta una explicación específica, por lo que no puede concluirse que todos esos colegios hayan perdido físicamente su conexión.
Aun con esta salvedad, el dato constituye una alerta. El acceso a internet ya no es un servicio complementario, sino una condición esencial para consultar contenidos, utilizar plataformas educativas, fortalecer las competencias digitales y reducir las diferencias entre estudiantes urbanos y rurales. En una región con amplia dispersión territorial, la falta de conectividad puede profundizar las desigualdades existentes.
En electricidad ocurrió lo contrario. La cobertura de locales escolares aumentó de 89.0% a 92.9%, lo que representa una mejora de 3.9 puntos porcentuales. A pesar de ello, Ayacucho descendió del puesto 13 al 14 porque otras regiones avanzaron con mayor rapidez. Este resultado demuestra que una caída en el ranking no siempre significa un deterioro: una región puede mejorar su cobertura y, al mismo tiempo, perder posiciones relativas.
Avances en agua y desagüe, pero todavía con brechas
La infraestructura escolar también presentó mejoras en otros servicios básicos. Los locales educativos con acceso a agua aumentaron de 59.8% a 65.3%, mientras que aquellos con desagüe pasaron de 56.0% a 57.0%.
Estos resultados son favorables, pero todavía revelan brechas considerables. Aproximadamente uno de cada tres locales escolares no cuenta con acceso a agua y más de cuatro de cada diez carecen de desagüe. Estas condiciones afectan la higiene, la salud y el bienestar de los estudiantes, además de limitar la capacidad de las instituciones para ofrecer espacios educativos seguros y adecuados.
La cobertura de electricidad cercana al 93% contrasta con el acceso mucho más limitado a agua, saneamiento e internet. Esto evidencia que la infraestructura educativa no debe evaluarse solamente por la existencia de aulas o energía eléctrica, sino por el conjunto de condiciones que permiten desarrollar un servicio educativo de calidad.
El reto es convertir la cobertura en oportunidades reales
Los resultados del INCORE 2026 muestran que Ayacucho mantiene una posición relativamente favorable en Educación y ha logrado mejoras en los aprendizajes de primaria y en algunos servicios básicos. Sin embargo, estos avances conviven con una disminución de la conclusión secundaria y una preocupante caída en la conectividad escolar.
El desafío regional consiste en identificar qué provincias y distritos concentran los mayores retrocesos, verificar si la reducción del internet responde a una pérdida real del servicio o a cambios en los registros, y garantizar que las inversiones incluyan operación, mantenimiento y continuidad. Instalar una antena, entregar un módem o conectar un local no es suficiente si posteriormente no existen presupuesto, soporte técnico o señal estable.
Asimismo, la reducción de la conclusión secundaria exige fortalecer los sistemas de alerta temprana para detectar ausencias, bajo rendimiento y riesgo de abandono. Las escuelas, las familias, los gobiernos locales y las autoridades educativas deben intervenir antes de que el estudiante se retire definitivamente.
Ayacucho ha demostrado que puede avanzar en competitividad. Ahora necesita asegurar que ese progreso se traduzca en colegios conectados, servicios básicos adecuados, mejores aprendizajes y más jóvenes culminando la secundaria. La educación será sostenible no solo cuando la región mejore posiciones, sino cuando las oportunidades lleguen de manera efectiva a todos sus estudiantes, especialmente a quienes viven en las zonas rurales y más alejadas.
Por: Susan Zevallos
Miembro del equipo del Instituto El Nazareno
Instituto Peruano de Economía. (2026). Índice de Competitividad Regional 2026 (INCORE 2026). Instituto Peruano de Economía.





